Crean en laboratorio SpudCell, la célula sintética más avanzada lograda hasta ahora
Un equipo de la Universidad de Minnesota ha desarrollado SpudCell, un sistema celular artificial capaz de alimentarse, crecer y dividirse de forma muy similar a como lo hace una célula viva: es el primer prototipo que reproduce un ciclo celular completo a partir de componentes químicos no vivos, aunque sus propios creadores evitan llamarlo todavía «vida» en sentido estricto.
El trabajo, publicado el pasado 2 de julio en el repositorio de preprints bioRxiv y todavía sin revisión por pares, ha sido liderado por la bióloga sintética Kate Adamala, quien describe el sistema no como un organismo vivo sino como una plataforma capaz de fabricar compuestos químicos mediante procesos biológicos.
Para lograrlo, el equipo combinó 36 enzimas purificadas y una membrana grasa con un genoma reducido, unas 50 veces más pequeño que el de una bacteria promedio, consiguiendo así una célula capaz de completar un ciclo de alimentación, crecimiento y división dentro de una placa de laboratorio.
El propio equipo bautizó al sistema como SpudCell por su parecido visual con una patata, aunque el nombre también es un guiño al satélite Sputnik. Según explicó Adamala, se trata de un sistema “completamente definido químicamente”, sin componentes de origen biológico desconocido.
Un avance real, pero todavía lejos de una célula autónoma
Especialistas ajenos al estudio, como el bioquímico Mauro Rinaldi, de la Universidad de Hull, han calificado el logro como un paso importante, ya que la división celular es uno de los procesos más difíciles de reproducir artificialmente. Sin embargo, remarcan que SpudCell aún depende por completo de nutrientes y proteínas suministrados desde el exterior.
La célula artificial tampoco puede generar su propia energía, ya que carece de mitocondrias, ni fabricar sus propios ribosomas, la maquinaria que traduce la información genética en proteínas. Su material genético, además, se distribuye en fragmentos de ADN llamados plásmidos en lugar de organizarse en cromosomas, lo que hace que el reparto del genoma entre células hijas sea todavía irregular.
Voces críticas dentro de la comunidad científica
El biofísico Cees Dekker, de la Universidad Técnica de Delft, ha señalado que el estudio plantea «preguntas técnicas importantes» sobre la solidez de los resultados presentados, y ha advertido de que anunciar avances de este tipo antes de la revisión por pares puede generar expectativas prematuras si después el proceso de revisión detecta debilidades.
El anuncio del hallazgo coincidió además con el lanzamiento de Biotic, una organización sin ánimo de lucro fundada por la propia Adamala para financiar el desarrollo de la plataforma SpudCell, lo que ha generado dudas entre algunos científicos sobre si la investigación se dio a conocer, en parte, para atraer atención mediática hacia ese proyecto.
Adamala no rechaza esa lectura y reconoce que busca visibilidad y financiación para su campo de trabajo. A su juicio, la bioingeniería puede ofrecer una alternativa real a la dependencia del petróleo para fabricar productos químicos, y considera urgente impulsar este tipo de tecnología frente a la crisis climática.
De célula de laboratorio a fábrica de moléculas
Más allá del logro biológico, Adamala concibe SpudCell como una plataforma de ingeniería en blanco: al estar construida desde cero con piezas químicas conocidas, podría programarse para fabricar medicamentos, fertilizantes, plásticos u otros compuestos sin las limitaciones que la evolución impuso a las células naturales, que tienden a evitar producir sustancias que puedan resultarles tóxicas.
El equipo imagina también que este tipo de células podrían usarse como pequeños laboratorios portátiles: podrían secarse, transportarse y almacenarse sin refrigeración, para activarse después en el lugar donde se necesiten y producir allí vacunas, proteínas u otros compuestos.
Aplicaciones médicas y un horizonte de décadas
Entre los usos potenciales que baraja el equipo destaca la fabricación de componentes para fármacos de nueva generación, como los basados en ARN mensajero o en péptidos, que requieren moléculas modificadas químicamente para ganar estabilidad. Producir estas piezas directamente dentro de una célula artificial podría acortar los tiempos de desarrollo y reducir costes frente a la síntesis química tradicional.
Tanto Adamala como los expertos consultados coinciden en que SpudCell es, por ahora, solo una prueba de concepto: la propia investigadora calcula que podrían pasar varias décadas antes de que una tecnología de este tipo llegue a sustituir de forma significativa a la petroquímica, aunque confía en que el camino hasta allí es viable.