Un invidente recupera la visión en Valencia gracias a un implante de electrodos en el cerebro

El sistema, desarrollado por investigadores de la Universidad Miguel Hernández (UMH), utiliza una matriz de microelectrodos implantada en la corteza visual.

La ciencia española ha vuelto a hacer historia en la Comunidad Valenciana. Un hombre que sufría ceguera total desde hace tres años ha logrado recuperar la percepción visual gracias a un dispositivo de neuroprótesis visual.

Este avance no actúa sobre el globo ocular ni sobre la córnea, sino que consiste en una matriz de 96 microelectrodos implantada directamente en la corteza occipital del cerebro, el área encargada de procesar las imágenes.

Cómo funciona la visión artificial mediante electrodos

El funcionamiento de esta tecnología es puramente bioeléctrico. El paciente utiliza unas gafas equipadas con una cámara de vídeo que capta el entorno. Estas imágenes se convierten en señales eléctricas y se transmiten a los electrodos implantados en el cerebro. Estos dispositivos estimulan las neuronas visuales creando fosfenos (pequeños puntos de luz), que el paciente aprende a interpretar.

Gracias a este complejo entrenamiento cerebral, el hombre ha logrado identificar contornos, formas geométricas e incluso reconocer algunas letras simples.

Se trata de un hito de la interfaz cerebro-computadora (BCI) que abre una puerta de esperanza para personas con ceguera por glaucoma, desprendimiento de retina o daños en el nervio óptico, casos donde los ojos ya no pueden transmitir información al cerebro.

Un éxito de la investigación pública valenciana

El proyecto, liderado por el catedrático Eduardo Fernández, es fruto de décadas de investigación. Los resultados confirman que la estimulación de la corteza visual es segura y que el cerebro humano tiene la plasticidad necesaria para aprender a «ver» de nuevo a través de impulsos artificiales.

Además, desde el punto de vista económico, esta tecnología promete aliviar la carga de los sistemas sanitarios. Un solo análisis de sangre, aunque tecnológicamente avanzado, resulta mucho más barato que el tratamiento de un cáncer en fase de metástasis y reduce la necesidad de pruebas de imagen costosas y recurrentes.

Disponibilidad y hoja de ruta

Tras esta autorización, la hoja de ruta para 2026 es clara: los grandes centros oncológicos comenzarán a ofrecer este test como parte de sus protocolos de cribado para grupos de riesgo (mayores de 50 años o personas con antecedentes familiares).

Este paciente es uno de los pocos en el mundo en experimentar esta tecnología, situando al equipo valenciano en la élite de la neurotecnología mundial.

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