Implantes de corazón artificial se abren paso en México como alternativa para pacientes terminales
La medicina en México ha dado un paso fundamental hacia la incorporación de tecnologías de alta especialidad
Se abre una nueva frontera con la colocación del primer corazón artificial en un hospital privado de Zapopan, Jalisco. Este avance, realizado en colaboración con el Instituto Cardiovascular de Mínima Invasión (ICMI), ofrece una esperanza de hasta 10 años más de vida para pacientes con insuficiencia cardíaca avanzada o terminal
¿En qué consiste la tecnología?
El sistema de asistencia ventricular, como el dispositivo HeartMate implantado recientemente, se coloca en el ventrículo izquierdo, la cámara principal de bombeo del corazón. Utilizando un avanzado sistema de levitación magnética, el aparato succiona y bombea la sangre hacia la aorta de manera continua.
Una de las principales ventajas frente al trasplante cardíaco tradicional es que esta tecnología no requiere tratamientos de inmunosupresión para evitar rechazos. Para operar, el dispositivo precisa de una fuente de energía externa conectada a un controlador portátil con baterías que el paciente lleva consigo.
Selección rigurosa y perfiles candidatos
La doctora Luisa Aguilera, coordinadora de la clínica de falla cardíaca del ICMI, subraya que esta innovación no es una solución generalizada, sino que está dirigida a perfiles muy específicos que ya no responden a tratamientos farmacológicos ni a intervenciones convencionales.
El proceso de selección es estrictamente multidisciplinario: se evalúa la salud del corazón, pulmones, riñones e hígado, y participan psicólogos y trabajadores sociales.
Por su parte, el doctor Benigno Ferreira, titular del ICMI, detalla que este dispositivo funciona tanto como terapia a largo plazo, como un «puente» para estabilizar a los pacientes mientras esperan un trasplante definitivo. Debido a la complejidad tecnológica, es indispensable que el paciente cuente con una sólida red de apoyo familiar o social para sobrellevar los cuidados constantes.
Un balance entre costo y calidad de vida
Si bien la intervención implica una inversión inicial elevada, que oscila entre los ocho y nueve millones de pesos, los especialistas destacan que puede representar una reducción de la carga económica a largo plazo. En etapas avanzadas, la enfermedad genera gastos continuos en múltiples hospitalizaciones y un costo en medicamentos que va de 5 mil a 10 mil pesos mensuales.
Tras la adaptación al implante, los pacientes logran recuperar su autonomía física y respiratoria en pocas semanas, mejorando drásticamente su calidad de vida, aunque con restricciones puntuales como no sumergirse en agua.
El gran desafío actual sigue siendo la detección temprana de las enfermedades cardiovasculares, ya que síntomas como fatiga o dificultad respiratoria a menudo son minimizados. Con la implementación de estos dispositivos, el sector salud en México abre una nueva vía tecnológica para quienes enfrentan diagnósticos críticos.