
Contra el reloj: así intentan la IA y los biomarcadores ganarle tiempo a la sepsis
Cada hora cuenta cuando el cuerpo empieza a atacarse a sí mismo. Eso es, en esencia, la sepsis: una reacción descontrolada del organismo frente a una infección que termina dañando sus propios órganos y tejidos. La OMS calcula que provoca hasta 11 millones de muertes al año en el mundo, sobre un total de 50 millones de casos. En España, la cifra ronda los 50.000 afectados anuales, con unos 17.000 fallecimientos.
El Día Mundial de la Sepsis, que se conmemora cada 13 de septiembre, ha vuelto a poner sobre la mesa un consenso que se repite entre clínicos e investigadores: la mejor arma contra esta enfermedad sigue siendo llegar antes que ella. Y para eso, la inteligencia artificial y los biomarcadores de nueva generación se han convertido en las dos piezas que varios equipos españoles están tratando de encajar.
Un algoritmo que vigila la historia clínica en tiempo real
Uno de los desarrollos que mejor ilustra este cambio de paradigma es BIAlert Sepsis, nacido del trabajo del doctor Marcio Borges en el Hospital Universitario Son Llàtzer y desarrollado técnicamente por el Instituto de Ingeniería del Conocimiento (IIC). El sistema no espera a que aparezcan los síntomas evidentes: cruza más de 70 variables de la historia clínica electrónica de forma continua y lanza una alerta en cuanto detecta patrones que anticipan un posible cuadro séptico.
Según los datos aportados por el Instituto de Ingeniería del Conocimiento (IIC), la herramienta habría logrado anticipar el diagnóstico hasta 24 horas antes de que se desencadene el cuadro séptico, en un estudio que la compañía atribuye a la revista PLOS Global Public Health. De acuerdo con esas mismas cifras, esta anticipación se traduciría en una reducción del 4% en los ingresos en unidades de cuidados intensivos y un ahorro medio de 1.887 euros por ingreso.
Elisa Martín, directora del Área de Salud del IIC, plantea que el verdadero desafío detrás de este tipo de tecnología no se limita a que el algoritmo funcione bien sobre el papel. Según explica, lo determinante es lograr que el sistema se integre de forma segura en los procedimientos de cada hospital, que se adapte a las particularidades de cada centro y que ofrezca información comprensible justo en el momento en que el profesional necesita tomar una decisión.
Desde la trinchera asistencial, el doctor Borges matiza además el papel que debe ocupar esta tecnología: para él, la herramienta no viene a sustituir al Código Sepsis ni al juicio médico, sino a sumar una capacidad adicional para identificar de forma más temprana a los pacientes que podrían deteriorarse, ayudando a concentrar la atención donde el riesgo es mayor. Con marcado CE como producto sanitario de clase IIa, el sistema ya opera en tres hospitales públicos: el propio Son Llàtzer, el 12 de Octubre de Madrid y el Complejo Hospitalario de Albacete.
Por qué dos pacientes con la misma infección no siempre corren la misma suerte
Detectar a tiempo es solo media batalla. La otra mitad tiene que ver con una pregunta que todavía no tiene respuesta completa: ¿por qué dos personas con infecciones muy parecidas pueden acabar teniendo evoluciones tan distintas? Para el doctor Ricard Ferrer, jefe de Medicina Intensiva del Hospital Vall d’Hebron, la respuesta pasa por dejar de mirar solo los signos clínicos clásicos: a su juicio, el futuro del abordaje de la sepsis pasa por combinar la evaluación clínica con biomarcadores más precisos y con herramientas de apoyo a la decisión clínica.
Esa idea de mirar más allá de lo visible es precisamente el terreno en el que trabaja el doctor Gerardo Aguilar, jefe de la Unidad de Cuidados Críticos del Hospital Clínic Universitari de Valencia. Su equipo estudia cómo la transcriptómica, la proteómica y el comportamiento de las células inmunitarias permiten distinguir distintos perfiles de gravedad y pronóstico dentro de lo que hasta ahora se trataba como una única enfermedad. Según explica Aguilar, probablemente no sea suficiente con un biomarcador estático, sino que hacen falta biomarcadores funcionales y, cuando sea posible, seriados, de forma que permitan seguir la evolución del paciente en lugar de limitarse a una foto fija.
Del laboratorio a la cabecera del paciente
Traducir estos hallazgos en algo que un hospital pueda usar todos los días es, sin embargo, otro desafío en sí mismo. En esa dirección trabaja Viva In Vitro Diagnostics, socio de AseBio, centrada en validar clínicamente biomarcadores ligados a la activación del inflamasoma NLRP3, un mecanismo implicado en la respuesta inflamatoria descontrolada. Su tecnología, bautizada como VIVA-ELISA®, se encuentra ya en fase de evaluación conjunta con varios hospitales y centros de investigación españoles.
El objetivo final de todas estas piezas —algoritmos que vigilan, biomarcadores que explican y tecnologías que las validan— es que dejen de ser desarrollos aislados y se conviertan en herramientas robustas, reproducibles y escalables dentro de la práctica clínica real. Si IA y biomarcadores logran encajar, España podría tener en sus manos una vía concreta para reducir una cifra que, año tras año, sigue rondando las 17.000 muertes por sepsis.