
Científicos logran crear clones hembra a partir de ratones macho mediante edición genética
Científicos japoneses han conseguido, por primera vez, transformar embriones de ratón macho en hembras mediante una herramienta de edición genética basada en CRISPR capaz de eliminar el cromosoma Y. El hallazgo, liderado por equipos de la Universidad de Yamanashi y el centro Riken de Bioresources, abre la puerta a nuevas estrategias de clonación y podría convertirse en un recurso valioso para intentar rescatar especies en peligro de extinción cuando solo sobreviven ejemplares macho.
La técnica, bautizada como Y-CUT, actúa sobre una región del cromosoma Y responsable de garantizar que, en cada división celular, las células resultantes hereden dicho cromosoma. Al eliminarla, los embriones tratados —de tipo XY— dieron lugar, tras ser implantados en madres subrogadas, a crías hembra con cromosomas XO. Según los investigadores, estas hembras crecieron sanas y fértiles, sin mostrar efectos adversos derivados de la ausencia del segundo cromosoma X.
En un segundo experimento, el equipo aplicó el mismo procedimiento a la clonación: extrajeron el núcleo de una célula adulta de un ratón macho, lo insertaron en un óvulo previamente vaciado de su propio ADN y, antes de transferirlo a una hembra subrogada, lo trataron con Y-CUT. El resultado fueron clones hembra genéticamente idénticos al macho original, salvo por la ausencia del cromosoma Y, un logro que los propios autores describen como propio de la ciencia ficción.
El avance cobra especial relevancia para la conservación de especies amenazadas: clonar un ejemplar macho solo permite obtener descendencia masculina, lo que resulta inútil cuando de una especie solo quedan machos con vida. Programas de recuperación como los del hurón de patas negras o el caballo de Przewalski ya recurren a la clonación, y contar con una vía para generar hembras a partir de células masculinas podría ampliar notablemente sus posibilidades.
Una técnica inspirada en la naturaleza
Los investigadores reconocen haberse inspirado en el comportamiento de un pez conocido como Okinawa rubble goby, capaz de cambiar de sexo cuando no hay machos disponibles para reproducirse. En el laboratorio ya existía algún precedente accidental: en 2009 un grupo de científicos documentó el nacimiento de una única cría hembra entre 27 clones generados a partir de células de ratón macho, sin que en aquel momento se comprendiera el mecanismo detrás de aquel resultado inesperado.
El equipo japonés comprobó además que la técnica Y-CUT funciona también con células criopreservadas, y que los ejemplares macho y hembra obtenidos mediante este método pueden aparearse entre sí para producir crías sanas. Este hallazgo resulta especialmente relevante para los llamados “zoológicos congelados”, instalaciones que conservan tejidos y células de numerosas especies animales con fines de conservación futura.
Aplicaciones más allá de la conservación
Más allá de su utilidad para especies en peligro, la herramienta también podría facilitar la producción de animales modificados genéticamente. Generar un ejemplar con múltiples ediciones en su genoma suele ser un proceso costoso y laborioso; disponer de clones macho y hembra del mismo animal permitiría ahorrar tiempo y recursos en investigación. Expertos ajenos al estudio señalan también su potencial para profundizar en el estudio de la biología de los cromosomas sexuales.
El hallazgo también invita a replantear ideas asumidas durante décadas sobre la reproducción animal. Según los propios autores, existe la convicción extendida de que hacen falta ejemplares macho y hembra para reproducirse, un concepto que esta técnica podría empezar a cuestionar. Especialistas en conservación de fauna silvestre ajenos al estudio han acogido el avance con entusiasmo y confían en que termine teniendo múltiples aplicaciones prácticas.
Limitaciones y próximos pasos
La técnica todavía presenta límites importantes: requiere disponer de óvulos sin núcleo procedentes de hembras de la misma especie, o de una muy cercana, por lo que no serviría en casos donde ya no queden hembras vivas. Además, aunque funciona bien en ratones —cuyas hembras XO son fértiles—, otros mamíferos con esta configuración cromosómica suelen presentar infertilidad, lo que limita por ahora su aplicación a otras especies de roedores amenazadas.
Los propios autores trabajan ya en técnicas complementarias, como la inserción de un segundo cromosoma X para restaurar la fertilidad en las hembras resultantes, mientras otros laboratorios exploran vías para transformar células masculinas en óvulos o para insertar cromosomas de una especie en otra. Combinadas, estas herramientas podrían ampliar de forma significativa las opciones disponibles para proteger a las especies más vulnerables.